Publicada en Ruta 42
Salir del armario laboral
Hace unos días me comentaron un caso
que salió por la tele: un constructor ante la situación del sector
decidió reciclarse y dedicarse a la fabricación de lanchas motoras.
Algo que siempre le había gustado y ahora por fin se decidió a dar
el paso, y le va bien. Casos así son muy numerosos en estos tiempos.
La crisis supone dejar de seguir la corriente imperante "hacer
lo que se supone que se debe hacer", estudiar las carreras de
moda, trabajar en los sectores de moda. Ahora se elige seguir el
instinto: la vocación. La lógica es sencilla ¿por qué luchar por
algo que no me gusta pudiendo hacerlo por algo que me apasiona?
Es duro, no siempre es fácil dar el
paso y lanzarse a la aventura. No en vano nos han educado a seguir
las profesiones "con salidas", durante décadas nos han
adoctrinado para esto. Cuando alguno ejerce de oveja descarriada y
opta por una profesión alternativa o una idea loca y le va bien
entonces se le aplaude pero mientras lucha por sacarla adelante las
risas suelen ser abundantes, las miradas raras también. Ironía de
la vida, en este momento, cuando ni ser funcionario es una opción
con demasiadas posibilidades, el lanzarse a dar el paso es lo único
posible. Quién sabe, quizás esto sea lo positivo de la crisis
¿maduraremos por fin? Ojalá oigan.
Mírenlo desde otro punto de vista, hoy
vemos normal la homosexualidad. Los años en que una persona tenía
que sufrir sí o sí por decidir ser como sentía que era y acostarse
con quien le diera la gana quedaron atrás, por lo menos para la
mayoría de la sociedad. Podemos decir que en ese sentido somos un
país maduro. Ahora bien, con esta crisis quizás podamos hacer que
cualquier idea o vocación sea bien mirada y ningún constructor
tenga que llevar dentro su fabricante de lanchas porque prefiere
seguir la corriente del dinero supuestamente fácil. Quizás por fin
aprendamos que para vivir felices no es necesario cobrar miles y
miles de euros al mes sino sentirnos realizados con nuestro trabajo.
Muchos ahora comprobarán que la nómina alta no compensa las muchas
horas a disgusto, ni el trabajo a desgana disimulado por una fachada
de responsabilidad y seriedad espartana mal entendida. Y que el lujo
inútil es un mal sustitutivo de una vocación frustrada.
Repsol YPF y Argentina
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En tiempos de crisis, miedo.
Hay miedo, eso es un hecho. Cualquiera,
aunque no haya sido tocado de lleno por la crisis y la viva desde la
barrera, tiene miedo. Miedo de caer también porque a nadie se le
escapa que es imposible estar libre del todo, si no de vivirlo en
propias carnes en alguien cercano. También se sabe que la economía
tiene mucho de psicología, si hay miedo el que puede y quiere
termina por no invertir y por lo tanto la crisis se prolonga, es así
de simple. Pues con este panorama de paranoia generalizada tanto en
medios de comunicación, redes sociales, en los comentarios de las
noticias, etc se extiende una pasión por el catastrofismo que
sorprende y espanta a partes iguales. ¿Se disfruta siendo agorero en
vez de positivo?
Es cierto que la cosa está mal, obvio
que está mal y aún así quedan motivos para ser positivos y muchos.
Cuando se dice que España no es Grecia, más allá de lo bonito del
eslogan para los políticos, es cierto. No somos Grecia y no podremos
serlo nunca. Merkel será todo lo que será pero no es estúpida, no
puede dejar caer a España como al país heleno porque eso supondría
hundir a toda la UE y a Alemania la primera luego, según esta
lógica, esas medidas de recortes despiadados es imposible que las
apliquen aquí. ¿Por qué luego nos regodeamos tanto en la miseria?
¿no es suficiente con lo que se ve en la calle?
¿Se están dejando influenciar por el
dramatismo de la mayoría aunque en su casa estén relativamente
bien?







